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16/6/14

El ultimo día, la llegada a Ushuaia!!!

Terminar un viaje de este calibre no fue tarea fácil. Luego de algo así como 27000km (no llevo odómetro para contabilizarlos de manera exhaustiva), la travesía llegaría a su fin recorriendo los 105km que separan las ciudades de Tolhuin y Ushuaia, en Tierra del Fuego, Argentina. Habiendo descansado y llenado nuestros estómagos de deliciosas creaciones en la Panadería la Unión, ya nos habíamos despedido de todos y solamente nos quedaba pedalear este tirón, al cual ya había imaginado en un centenar de oportunidades. Al comenzar, se irían presentando uno a uno los obstáculos para hacer de este día algo totalmente memorable.



Luego de despedir a todos los empleados de la Panadería y hacer las tradicionales fotos para sellar en nuestros recuerdos a la gente que nos apoya en el camino, era hora de salir a la ruta. Como primer inconveniente y un detalle no menor, comenzaron a caer suaves y fríos copos de nieve del cielo, como si fuera el papel picado de una fiesta para celebrar este día. Estábamos ya terminando el mes de abril y habíamos contemplado la posibilidad de pasar frio en algún tramo, pero sin haberlo sufrido realmente en ningún momento, es posible que hayamos subestimado este no menor detalle.


 La nieve hizo al manejo de la bici un poco complicado dado que se iba acumulando en la ruta, y debíamos tener el doble de cuidado con el transito que podía no vernos y así arruinar por completo toda la travesía. También, la constante lluvia y nieve sobre el cuerpo hace cada vez más difícil mantener la temperatura y el degaste se volvía cada vez mayor. A mitad de camino hay un parador llamado Villa Mariana, donde hice mi primera parada. Mis compañeros Devin y Steph siguieron de largo ya que habían frenado antes, por lo que luego los alcanzaría en algún momento. La clave era frenar, tomar algo caliente, y devolverle al cuerpo algo de aire luego de tanto frio, nieve, y viento en contra. Habiendo recorrido la mitad del camino, ya no había vuelta atrás: ese día terminaba mi aventura como sea. Al llegar las empleadas no dudaron en invitarme a pasar y reposar un rato junto a la salamandra que estaba al rojo vivo para calentar el restaurant donde atienden a sus visitantes. 

Mi aspecto rasgado y desgastado llamo bastante la atención de los presentes pero nadie se animó a preguntar qué estaba haciendo en ese momento, por lo que ahorre la explicación para otros tantos que me cruzaría en el camino. Finalmente me inspire y volví a la ruta para enfrentar el próximo desafío bajo la nieve: El Paso Garibaldi. Con tan solo 500 metros de altura, este paso no debía ser un gran desafío luego de algunos otros mucho más escalofriantes, como lo recorrido en otros tiempos en las Lagunas en altura de Bolivia. Sin embargo, la particularidad de este paso es que como encajona un valle y es la válvula de una corriente de viento, a la subida se le suma una constante y no menor cantidad de nieve, que sumado al tránsito convencional y pesado, lo vuelven un desafío más de supervivencia que de esfuerzo físico. Las vistas son verdaderamente increíbles una vez en la cima, situación que nos obliga a frenar para sacar una foto y seguir viaje.  Al cruzar hacia el valle siguiente, las expectativas no fueron superadas bajo ningún concepto: la nieve era cada vez más y ya no había ningún tipo de parada posible hasta llegar al menos a Tierra Mayor, una reserva a unos 10km antes de la entrada de Ushuaia. 

En mi caso personal, comencé a bajar la temperatura corporal al punto que se me adormecieron las manos y los pies y poco a poco la motivación mental se iba deteriorando, más allá de que la determinación marcaba que no fallaría en mí llegada a destino fuera como fuera. Al llegar a la altura del Cerro Castor, busque algún tipo de refugio pero no tuve suerte, por lo que seguí mi camino para hacerlo en Tierra Mayor. Pedalee con los ultimo esos 10km, pero por alguna razón que todavía no logro comprender decidí pasar Tierra Mayor de largo e intentar llegar a Ushuaia con lo que quedaba en el fondo de mi tanque de combustible corporal. Unos 6km previos a la llegada de Ushuaia, sufrí lo inesperado: el cuerpo me dijo BASTA, y ya no podía pedalear ni un metro más. Me dolían las manos de la hipotermia, ya no sudaba por el frio, y lo que había sudado se me había congelado junto al rompeviento que había condensando en el interior. Al bajar de la bici me refugie en el edificio del Circulo Policial de Ushuaia, que tenía una pared que daba al Norte, que cortaba la tormenta de nieve. 

Ahí mismo había una salida de un calefactor que estaba al rojo vivo, por lo que junto a la ayuda de mi bolsa de dormir de pluma, poco a poco volví a juntar calor corporal, y sentirme en condiciones de seguir viaje para finalmente dar fin a este día tan tragicómico. Cuando comenzaba a sentirme mejor, siento la voz afrancesada de mi compañera Steph, que venía detrás de mí y que disfrutaba de estar en un clima similar a su frio Quebec, en el Este Canadiense. Eso me regalo un par de carcajadas, suficientes para que juntos sigamos estos últimos 6km, de noche y nevando en nuestras caras. Me sacaba las gafas porque se me acumulaba la nieve, y luego me las ponía porque la misma me pegaba de lleno en los ojos como un punado de arena. Me encargue de insultar a grito vivo a todo ser vivo familiar de los Loros, y luego de tan solo 6km nos encontró la entrada de Ushuaia. Cumplimos con nuestro objetivo, pero no quedaba resto ni para gritarlo!!!


Ya  agotados, seguimos camino al centro, que nos esperaba a unos 6km extras, pero que a esta altura y ya dentro de la urbe no eran un desafío tan loco. Nuestros amigos nos esperaba en el Hostel Backpackers “El Refugio de los Mochileros”. Allí Gisela y Alejandro, sus actuales dueños, nos recibieron con bombos y platillos, al igual que todos nuestros amigos ciclistas que habían llegado en los últimos días. Sin pulso ni para firmar el formulario de ingreso, me indicaron donde dejar mis cosas, y luego a la ducha directo sin muchas escalas!!! El valor de una ducha caliente y un plato de comida nunca alcanzo un calibre tan alto, se los puedo asegurar.



Terminar el viaje fue el cierre de mi proyecto personal más ambicioso en todo sentido. Comprendí el valor de muchos sentimientos que siempre me acompañaron pero en ocasiones no les había prestado la suficiente atención. Transite el viaje de autoconocimiento más profundo de mi vida y pude surcar hasta en los rincones más profundos de mi mente, el porqué de muchos de mis comportamientos y reacciones. Dueño de un carácter más que explosivo, trabaje en el como uno de mis objetivos más sólidos y también capitalice todos los contactos interpersonales del viaje. Agudice el verdadero valor de mis “necesidades” viviendo durante casi dos años con los más mínimo e indispensable, y probablemente nunca haya sido más feliz en mi vida si lo mido en días de corrido. Este proyecto se cerró y doy comienzo a un nuevo capítulo de mi vida. La magia de lo incierto lo convierte en una nueva aventura, esta vez sin la necesidad de estar lejos de lo que considero mi casa. Gracias a todos los que fueron parte de este viaje increíble. 

10/6/14

Vamos que terminamos!!! Navegando desde el Chalten hasta el fin del mundo

El Chaltén se convirtió en el principio del final del viaje. Venia cansado del desgastante ripio de la Carretera Austral Chilena, pero muy feliz por haber cumplido esa etapa y regresar a Argentina. Este lugar desarrollado dentro de la zona norte del Parque Nacional Los Glaciares tenía una reputación excelente y no podía esperar a explorarlo.

 Todo comenzó al bajar de la lancha "tehuelche" que cruzo el Lago del Desierto, y mi particular bienvenida a Argentina por parte de un gendarme, que me dio una advertencia por estar pescando sin licencia. No reniego de mi error, pero creo que un viajero en bicicleta que está pescando su cena (1 pescado) no es motivo de trámites burocráticos, ni discusiones sin sentido con un pequeño hombre de verde que aburrido de su trabajo quiere ejercer la autoridad.

Llegada al Lago del Desierto, bienvenido a Argentina!

Con esto claro y luego de un buen descanso (y de la trucha que pesqué y me comí con mucho gusto), me subí a mi corcel y pedaleé los 40 kilómetros que me separaban de El Chaltén, para llegar en tempranas horas de la tarde a casa de Flor Lopez, la dueña de la Casa del Ciclista de El Chaltén. Me habían hablado de ella en múltiples ocasiones, por lo que ya era hora de conocerla y de participar un poco de la vida en comunidad. Junto a nosotros llegaron tantos otros ciclistas, tanto los que venían con nosotros desde Villa O'Higgins, como los que venían en dirección contraria y encaraban hacia la Carretera Austral. Luego de unos mates y charla con Flor se fue organizando la primer comilona ciclista, que por supuesto tenía que ser un asado. Un poco cansados de comer siempre lo mismo en la Carretera Austral debido a la falta de variedad y el sobreprecio (justificado por las distancias), hicimos las compras pertinentes y dimos comienzo al tan merecido "asadito". 

El Mirador de los Cóndores, El Chaltén

Los días en el Chaltén se dieron de manera espontánea y descontracturada. 

Aprovechando la cantidad de gente dispuesta y disponible, solo bastaba una idea para llevar un buen plan a cabo. Desde caminatas en solitario y trekking al Lago Torre hasta escalada en roca, ocuparon nuestros días haciendo de una semana, solamente un instante. 
Por las noches seguimos con la consigna comunitaria, y cenamos todos juntos a diario, sumando nuevos asados y hasta un delicioso cordero a la llama, cuya cocción exitosa sume a mi currículo asador.

Único Argentino, el ASADOR
En el esmero de seguir sumando ideas para construir mi propia casa al regresar a mis tierras (Alta Gracia - Córdoba), fui tomando ideas de las múltiples construcciones eclécticas que hay en todo El Chaltén y hasta tropecé con Arístides, un tipo de primera con quien compartí mi proyecto luego de la sorpresa de que él ya había pasado por lo mismo. Así pase una tarde compartiendo ideologías y aprendí nuevas técnicas de construcción para seguir sumando a este, uno de mis tantos proyectos en mente.

La casita de Arístides

Partir de El Chaltén no fue fácil. Con algunos de mis buenos amigos cicloviajeros seria nuestra última cita, y con esto no quise autoflagelarme con despedidas, ya que a esa altura mi sensible corazón no estaba listo para más estímulos de este tipo. Luego de agradecer subí a "La Cabra", mi fiel compañera de viaje, y junto a mi compa Devin salimos a la ruta para alcanzar un puesto intermedio entre El Chaltén y El Calafate. Una casa rosada abandonada nos esperaba para pasar la noche fuera del viento y las lluvias. A esta altura el frío ya no era noticia, sino una condición bajo la que me había dispuesto a viajar, por lo que evitaré quejarme de la misma. 

El majestuosos Fitz Roy

Guanacos in the estepa

Junto a nosotros llego Christian, de Alemania, y se sumó al grupo y a la tarea de encontrar este refugio, a 120km de El Chaltén. Al llegar, una voz con tonada francesa conocida sonó de adentro del refugio: Stephanie Vincent, de la provincia Francocanadiense de Quebec, nos estaba esperando ya que ella había salido temprano por la mañana. 

Pasada lo noche hicimos equipo, y nos dispusimos a viajar en línea aprovechando la resistencia que hacia el primero al viento para no derrochar energías. Desde el cruce de la ruta 40 con la ruta que lleva a El Calafate, el viento en contra no es poca cosa y no es cuestión de derrochar energías.

El Glaciar Perito Moreno, cereza del postre

Llegamos sin mayores problemas a El Calafate, y fuimos derecho al supermercado a cargar combustible y hablar con toda la gente que pasaba por su puerta y veía nuestras bicis allí. Un vendaval del preguntas conocidas, y hasta el reconocimiento de algunos lectores del blog y la página de facebook (Provenzani Diario - de bicicleta), que si bien escribo de manera muy amateur y sin hacer mucha propaganda, parece que al menos llega a algunos lectores curiosos de esta, mi aventura. 

Familia Wilkendorf, parada de lujo frente al Lago Argentino

En El Calafate llegamos (Devin y yo) a la Hostería de una familia amiga mía, los Wilkendorf, que nos trataron como reyes durante 4 días. Descansamos frente al Lago Argentino, acondicionamos nuestros corceles, y usamos como base para ir a conocer el colosal Glaciar Perito Moreno. Es una de las cosas más impactantes que he visto en mucho tiempo, y sin dudas el Glaciar más grande frente al que me haya enfrentado. Con el deseo de hacer algunas actividades en el Parque pero no menos que ofendido por el sobreprecio de las mismas y la falta de energía para actividades físicas fuera del cicloturismo, dediqué el día en el Parque a disfrutar del rugir del Glaciar. La caída de los hielos que se fracturan de la gran masa principal parecen estar sincronizados, junto al golpe de los mismos con el agua, crean un espectáculo difícil de superar. Pase junto a mis amigos una tarde fabulosa, entre charlas, comilonas, y largas sesiones de fotografía.


Pasareleando

Luego de El Calafate volvimos al ruedo con la intención de llegar a Ushuaia lo más pronto posible, pero sin exagerar en los esfuerzos físicos y priorizando el tiempo juntos, ya que a esta altura ya éramos 6 en carretera: Marion y Remi de Francia, Steph de Canadá, Christian de Alemania, Devin de EEUU, y quien les escribe, único autóctono. Con paradas en los puestos de vialidad, llegó la hora de separarnos a la altura de la bifurcación a Cerro Castillo, ya que en mi caso seguiría hacia Río Turbio, donde me esperaba un gran amigo. 


Buenos tiempos en la grupal

última noche en el Camping Vialidad

Luego de evitar más despedidas, y junto a Devin y Steph seguimos viaje hacia Río Turbio para descansar el fin de semana previo a regresar a territorio chileno, y compartir junto a mi amigo Elvio Chavez que se encuentra allí por una nueva oportunidad laboral junto a su familia.


Chavez y compania en El Turbio

Nuevamente hicimos uso del asador, y compartimos un fin de semana en familia para alimentar el corazón con buenos momentos para enfrentar los próximos kilómetros de ruta.

De nuevo en Chile

A esta altura los trámites migratorios ya no son noticia. Nos separaban 250km de Punta Arenas y nos propusimos hacer paradas en Morro Chico y Gobernador Filipi, para poder conquistar el tramo en 3 días. 


Carreteando el Sur Chileno

Siendo agasajados por la hospitalidad patagónica que parece no tener fronteras en ninguna dimensión, llegamos a Punta Arenas descansados y con un buen ánimo para tomar el ferry que nos llevaría a Tierra del Fuego. Un amigo en común con Devin nos recomendó con Nico y Maca, dos amigos que se encuentran trabajando en proyectos de Sustentabilidad en la zona, y quienes nos dieron un reparo del frío y los vientos en su casa. Allí conocimos una linda diversidad de gente y pudimos agradecerles con una cena en donde participamos junto a sus amigos, con quienes seguramente seguiremos en contacto.


Nico y amigos en Punta Arenas, gracias gente!!!

Luego de un cruce en ferry sin grandes amenazas del clima, llegamos a la ciudad de Porvenir, puerto de entrada a Tierra del Fuego en territorrio Chileno. Desde allí no habían mas limites físicos para llegar a Ushuaia más allá de nuestro propio esfuerzo físico. 

La primer mañana en que saldríamos a la ruta vimos los primeros copos de nieve caer del cielo, testimonio de que el Otoño/invierno ya estaba encima nuestro y debíamos abrigarnos para salir al ruedo. Con la fortuna de consultar donde repararnos del frio durante el camino, llegamos a diversas estancias patagónicas, donde ya acostumbrados a recibir esquiladores en su momento de faena, nos proveían de un refugio del viento y el frio, en general hasta con la oportunidad de calentarnos junto a una estufa a leña. Personalmente soy un gran amante de este método de cocina y calefacción, por lo tanto seguí sumando momentos inolvidables en este viaje que parece nunca tener fin, y del que nunca siento que dejo de sorprenderme. La hospitalidad espontánea es sin dudas mi mejor y mayor combustible espiritual, y se ha manifestado en diferentes formas a lo largo de los 16 países visitados en las Américas, algo que quedará sellado en mi por siempre.

Se puso fresco en Tierra del Fuego

Nuestros refugios no cambiaron al pasar nuevamente de Chile a Argentina vía San Sebastián, y volvimos a confiar en las Estancias de este lado también. Allí nos sorprendió la Estancia Viamonte, donde una familia pionera de la isla lleva más de 70 años recibiendo viajeros, mucho antes de que siquiera existiese un camino que llegue a Ushuaia. A esta altura ya estábamos cansados, y llevábamos varios días sin el lujo de una ducha caliente, algo que ya se hacía notar no solo en el perfume que nos acompañaba, pero en la acumulación de fatiga en el cuerpo. Abasteciendo de todas las calorías posibles en cada comida, llegamos a nuestra última parada previa al último día: Tolhuin.

Ya me habían comentado sobre la Panadería "la Unión" en múltiples oportunidades a lo largo de mi camino al sur. Al parecer no había otra parada que se le parezca y era nuestro objetivo llegar y entender el porque de tanta propaganda. 

Emilio y su equipo nos recibieron en la Panadería La Unión, Tolhuin

Al llegar entendimos porque. Emilio lleva 30 años en esta Panadería, que es ya una institución y parada obligada tanto de turistas como gente de paso. La parada no solo la imponen las delicias que ofrecen a la venta, pero es la oportunidad de conocerlo a el y a su grupo de trabajadores lo que le suma a la experiencia. Allí nos refugiamos casi 4 días, donde dormimos en la habitación llamada "Casa de la Amistad" donde Emilio agasaja a los cicloviajeros con una cama y una ducha caliente, dos GIGANTES lujos para un cuerpo fatigado y poco cuidado en materia de aspecto. Una vez convertidos en gente nuevamente gracias a una intensa ducha, nos propusimos ser parte de la labor diaria para conocerlos y poner nuestro granito de arena en este maravilloso proyecto. Trabajamos junto a ellos dos días, y fuimos premiados con una buena cantidad de facturas y otros condimentos que llenaron nuestros estómagos y deseos de comer "algo rico".

Finalmente llegó el día de terminar este viaje, pero voy a dedicarle una entrada entera a este mi último día, ya que creo que fue el momento de sensaciones más extremas del viaje. Espero hayan disfrutado este largo post!!! Buena senda!!!




    

21/4/14

El cruce desde Villa O’Higgins a El Chaltén

Esta entrada está dedicada a sumar datos sobre el cruce desde Villa O’Higgins a El Chaltén. Si bien no hay grandes enigmas sobre esta ruta, mucha gente encuentra difícil asesorarse para el cruce. Para no hacerlo demasiado largo pero no por ello menos específico lo vamos a dividir en tres tramos:

Cruce Lago O’Higgins desde Puerto Bahamondez hacia Candelario Mancilla

 Terraza de la nave Quetru

Lago O'Higgins

La temporada comienza en el mes de “Noviembre” y termina con el último barco la primer semana de Abril. Durante la temporada hay opciones alternativas, pero es la empresa Robinson Crusoe, la que provee de un servicio con horarios planificados a lo largo de toda la temporada. Cada año los horarios van cambiando, por lo que es importante consultar la página de la empresa (www.robinsoncrusoe.com) donde se especifican fechas y horarios.
En mi caso llegue al final de la temporada donde el barco salía solamente los sábados; en el resto de la temporada, los barcos salen 4 veces por semana. El barco tiene salida confirmada pero sujeta a las condiciones climáticas, por lo que es posible que se demore. Para los que les gusta planificar los tiempos muy entrelazados, tener cuidado con este caso. A mí me toco cruzar el Domingo 23 en vez del Sábado 22 de marzo de este año. El barco salió desde el Puerto Mansilla a 7km de Villa O’Higgins, a las 8.30hs como estaba planificado. El viaje dura 2.45hs y la navegación es una experiencia excelente. Con una cabina calefaccionada y cómodos asientos, puede uno descansar durante el viaje, o bien subir a la terraza para disfrutar de las vistas y el paisaje. Al llegar a Bahía Bahamondez se descarga el barco y comienza un nuevo tramo.

Ciclo-trekking desde Candelario Mansilla hasta Punta Norte de Lago del Desierto

Comienza el trekking

Una vez terminada la navegación del Lago O’Higgins, lo que viene es una mezcla entre trekking y ciclismo. Se recorren 22km aproximadamente desde el Puerto, con primera parada en el Puesto de Migraciones Chileno para salir del país. Son 6km en subida sobre un ripio bastante duro, por lo que es recomendable hacerlo caminando o bien con buen cuidado de la bici. Una vez hecho el trámite migratorio son unos 10 kilómetros bastante tranquilos con algunas idas y vueltas entre bosques y arroyos, donde hay dos muy buenas oportunidades para acampar tanto en Laguna Redonda como en Laguna Larga. En el puesto de Migraciones Chileno hay un muy buen mapa del recorrido para no errarle al camino para estos dos lugares que pueden sumarle un buen día a la experiencia, y un descanso bien merecido a mitad de camino.

Luego de llegar al cartel de “Bienvenidos a la República Argentina”, comienza la parte más dura del camino. Un sendero donde las bicicletas caben de casualidad y donde las alforjas frontales suelen ser removidas para que no se atasquen en el camino, pone a prueba hasta el más paciente. Más que recomendable tomarlo con calma, prepararse para el barro y ensuciarse un poco camino a Punta Norte. Al llegar al Puerto se hace el trámite migratorio, y nuevamente puede uno aprovechar para acampar si los barcos no estuvieran disponibles.

Barco desde Punta Norte hacia Punta Sur de Lago del Desierto

Fitz Roy y el Lago del Desierto

Al llegar a Punta Norte, existen dos barcos diferentes que hacen el cruce del Lago del Desierto. Uno de ellos trabaja en conjunto con la empresa Robinson Crusoe, y brinda la posibilidad de comprar el ticket por adelantado en Villa O’Higgins. En caso de que uno quiera arreglarlo ahí mismo, la barcaza “Tehuelche” hace el transporte por 160$ (pesos argentinos), sin un horario muy claro. Generalmente sale o al mediodía o a las 6 de la tarde, pero los mismos gendarmes pueden dar una mano para arreglar eso. El viaje sobre el Lago del Desierto es de tan solo 45 minutos.

Al llegar a Punta Sur del Lago del Desierto, los gendarmes no son muy amigables, y sin mayor explicación no permiten acampar cerca del lago. A unos 200 metros del Puerto esta la Estancia Lago del Desierto, donde tienen una buena zona de acampe por un precio moderado (desde $50 a 80$ dependiendo la época de la temporada). Tienen una buena ducha caliente con un calefón a leña, un detalle no menor para un ciclista que paso frio.

Luego de esto quedan 39km muy tranquilos hasta el pueblo de El Chaltén, donde hay múltiples lugares donde quedarse. En especial para los ciclistas, la Casa del Ciclista de Flor López es el mejor lugar para encontrarse con los amigos y celebrar la amistad a diario.

2/4/14

Bicicleteando la Carretera Austral entre Coyaique y Villa O'Higgins

Salir de Coyaique no fue fácil. Encontrarnos con muchos otros cicloviajeros te invita a quedarte y compartir, escuchar nuevas historias e intercambiar vivencias y consejos para el Sur y el Norte. Luego de cuatro días,  y siendo solamente dos (mi amigo Devin de EEUU y yo) nos despedimos con unos tragos de Pisco de nuestros amigos Chilenos y seguimos nuestro camino al sur.


Volviendo al ruedo

Hicimos unos 60km en nuestro primer día, llegando a la Laguna Chiguai, donde luego de una excelente ducha de agua caliente calentada a leña en el Camping de la Reserva cerramos una buena jornada. Los próximos días fueron mostrándonos un poco como sería el resto del camino: Lagos, montañas, ríos, arroyos, y mucho verde para ir alimentando la vista mientras las piernas nos mueven hacia el sur.
Luego de 2 dias llegamos al pequeño pueblo de Puerto Tranquilo, a casa de nuestros amigos Karina y Cristobal. Llegamos tarde por la noche, por lo que armamos la carpa y a dormir porque se estaba poniendo fresco. Al despertar, arrancamos el día con unos mates, ayudamos con los bolsos a nuestros amigos que se estaban mudando a Coyaique por el invierno y nos mudamos al Camping y Hospedaje Bellavista de Marcela y Fernando. 


Bienvenidos a Puerto Tranquilo


Me venía sintiendo medio mal y el frío no ayudaba a mejorar por lo que decidimos usarlo de lugar de descanso por unos días. Los días transcurrieron en actualizar un poco el diario de viaje, escribir en los momentos de inspiración y descansar junto a la cocina a leña que siempre está caliente y donde Marcela cocina bien casero y sirve agua caliente para el mate. 



Pava Lista - Mates en camino

Puerto Tranquilo está  sobre la costa del Lago Chelenko, una verdadera maravilla de esta zona. Agua transparente y helada, montañas nevadas de fondo, y un viento fresco invitan a caminar un poco cuando el sol calienta. Con el mismo movimiento del agua, en la margen  Oeste del Lago se formaron las Catedrales de Mármol, unas formaciones al estilo cavernas que son visitadas diariamente por turistas de todo el mundo. En nuestro caso optamos por evitar llegar en un barco a motor, y elegimos ir en kayaks. 

Una buena idea


Salimos desde Puerto Mármol, a unos 6 km de Puerto Deseado siguiendo la Carretera Austral hacia el sur. Nuestro amigo Pedro Contreras tiene su muelle privado a orillas del Lago Chelenko en una playa privilegiada, donde uno también puede luego acampar y pasar la noche. Nos bajamos de las bicis, traje de neoprene, y a remar! Nos tomó unos 40 minutos llegar a la primer formación llamada “La Capilla” donde empezó nuestro recorrido. Por dentro y por fuera navegamos los canales y despuntamos un poco el vicio aventurero en búsqueda de túneles y demás. Luego de una buena hora de degaste, aprovechamos el viento a favor y regresamos a Puerto Mármol, donde aprovechamos a intercambiar información con Pedro, nos secamos y volvimos al ruedo para acampar en la costa del Lago unos kilómetros más al sur.


Sabor a lago en el desayuno

Al despertar me decidí a seguir desarrollándome en el arte de la pesca, ya que los días anteriores me la había pasado tirando la caña con no mucha suerte, pero con firme convicción. Un día espectacular me acompañaba asique me fui a caminar buscando el lugar más indicado para pescar. Luego de una buena sesión de intentos, llego la debida recompensa, mi primer conquista en la Patagonia!!! Volví muy alegre a nuestro campamento y sumamos el pescado al desayuno para arrancar con pilas.

Luego de desayunar seguimos en dirección a Puerto Bertrand, unos 60 km al sur, y donde el Lago Bertrand da nacimiento al Rio Baker, el más caudaloso de Chile. Un día excelente nos dejó por la tarde buscando un muy buen punto para acampar y seguir practicando la pesca, cada vez más habitual como medio de supervivencia y actividad extraciclismo.

Para no cortar la racha, luego de varios intentos pico algo que doblo la caña y sentí una emoción que llevaba mucho tiempo sin sentir. Saque del agua una trucha arcoíris de 47cm, con carne como para hacernos un verdadero festín!!! Como estábamos a 300 metros del pueblo, no dude en regresarme a buscar una parrilla y terminamos haciéndola asada y celebrando probablemente uno de los mejores días del viaje!!!

Primera buena presa, dedicada a mi tio Lacho Antoniacomi

La Patagonia nos regala todos los días postales, encuentros y hasta la comida. Los días se funden en pedalear, buscar un buen lugar para pescar y tener la suficiente leña seca para el fogón de la noche, cada vez más fundamental para mantenerse caliente antes de irse a dormir. Seguimos desde Puerto Bertrand, pasamos por Cochrane y seguimos al sur. Los días siguientes pusieron nuestra paciencia a prueba: las ruedas de Devin cada vez tenían más problemas, la lluvia y el frio nos acompañaron a diario y no fue fácil encontrar sitios secos para descansar por la noche. En el caso de Lago Vargas, terminamos dentro del invernadero de una finca, único lugar seco en mucho lugar a la redonda, donde a pesar de todo, pudimos repararnos del frio y de la lluvia que te deja empapado todo el equipamiento.

Reparar y reparar para seguir

Luego de la noche en el invernadero, siguió el camino a Caleta Tortel, un peculiar poblado de la Patagonia Chilena que está montado sobre la ladera de un fiordo e interconectado por pasarelas que lo recorren de punta a punta. Hay dos campamentos gratuitos, uno en la Playa al final de las pasarelas (inaccesible o con la bicicleta al hombro) y el otro al lado del Aeródromo, accesible por ruta 2km antes de llegar a Tortel. Acampamos junto al Rio Baker, y compartimos la noche junto a una pareja amiga de cicloviajeros canadienses que llevaban un buen tiempo en carretera y tenían miles de historias para contarnos. En teoría nos quedaríamos un par de días, ya que el asiento de Devin estaba roto y debíamos encontrarle la solución para poder seguir camino. También nos quedaban unos días hasta la Salida del Ferry para cruzar el Lago O’Higgins, y por ello podíamos descansar un poco.

El cruce a Tortel, comienzo de linda paliza pal TRASERO

Devin salió al centro a buscar el tornillo que le faltaba a su asiento, con la suerte de encontrarse caminando a un paisano suyo de Oregon (EEUU) caminando por las pasarelas de Tortel. Venia viajando en moto, y tenía una colección de todo lo que pueda llegar a hacerte falta como repuesto en un viaje, ya que era mecánico restaurador de motos en el país del norte. Cuando volvió Devin con su nuevo tornillo, cambiamos de parecer y salimos rumbo al sur para pasar la noche en la Sala de Espera de Puerto Yungay y así tomar el primer ferry de la mañana.  

Con éxito en la misión de tomar el primer ferry, seguimos camino al sur, pero con una parada técnica a pescar en un sitio que parecía ser el indicado. Pasamos casi toda la tarde con un éxito moderado, y por la noche en un refugio ubicado a mitad de camino hacia O’ Higgins, comimos pescadito fresco y una buena cantidad de arroz (todavía no hemos logrado superar Puerto Bertrand!!!).

Buena bienvenida nos da el último tirón 

Luego de una noche de dura tormenta, un día de viento fuerte nos robó lo último que quedaba de energía en nuestros cuerpos y llegamos a Villa O’Higgins, para celebrar el final de esta etapa. Habíamos conquistado los 978km desde Futaleufú, pero el cansancio no nos lo permitió celebrar al llegar. Nos compramos un pote de Dulce de Leche cada uno y nos sentamos a inyectarnos azúcar para recuperar la sonrisa. Luego de eso nos fuimos al Hostel más conocido entre los ciclistas, El Mosco, ubicado frente a la oficina de Robinson Crusoe, la empresa concesionaria del barco que cruza el Lago O’Higgins.

La muchachada en El Mosco

El Mosco es una hostería con unos casi 10 años de trayectoria en Villa O’Higgins y donde se han ido alojando los ciclistas a lo largo del desarrollo de la Carretera Austral como ruta internacionalmente conocido para el cicloturismo. Todo el que desea terminar la Carretera llega a Villa O’Higgins, y en general termina en este Hostel.
Al Llegar me encontré con Fili y Martin, la primera administradora y gerenciadora del lugar y Martin, uno de los dueños del lugar. Llegamos totalmente filtrados y Fili no dudo en mandarnos derecho a las duchas y para luego conectarnos con el resto de los huéspedes para organizar una cena comunitaria. En El Mosco tenés la opción de quedarte acampando en el patio o en dormitorios, con derecho a uso de todos los servicios de la planta baja. En la planta superior tienen habitaciones privadas y un desayunador para quienes opten por esa opción.

Cierre de lujo


El Viernes 21 de Marzo fue mi trigésimo primer aniversario de nacimiento, fecha que generalmente siempre me gusto celebrar. Como Devin estaba en cama por un problema en el hígado, y la gente había cambiado a lo largo de los 3 días que estuvimos allí, decidí tomar las riendas del asunto ya que nadie se conocía con nadie y todos se habían sentado en diferentes mesas. Siguiendo el lema familiar de los Provenzani de que “LA MESA CONVOCA A LA AMISTAD Y LA FAMILIA”, me fui al supermercado y compré carne de pollo y verduras para un gran guiso. Al regresar fui avisando que la comida la prepararía yo, y con ello llegaron Andrew, Kanaan y Connor, mis compas de Alaska que habían venido a compartir mi cumpleaños. Fui preparando la cena  junto a la compañía de un vino tinto y poco a poco vi como evolucionaba la noche: Las mesas se unieron, las conversaciones se fundieron, y en menos de lo que pensaba había 22 personas compartiendo la comida y brindando por mi cumpleaños. Fue algo diferente, pero igualmente enriquecedor y alimentando mis ganas de compartir esta fecha tan especial.
Cerramos la Carretera Austral y esperamos el barco para cruzar el Lago O’Higgins y el Lago del Desierto. Se vienen los últimos 1000km para terminar este viaje increíble.
  


11/3/14

Cashai la wevada weon!!! Carretera austral...


Bienvenidos a Shhhhile!!! Luego de un período de recuperación para algunos de los compas de equipo en Trevelin en la Estación de Bomberos Voluntarios, decidimos hacer los 30 km que nos separaban de la frontera Argentina - Chile y llegamos a la ciudad de Futaleufú. Entramos en horas de la tarde y luego de 10km de paisajes increíbles desde la frontera hasta el pequeño y pintoresco pueblo de Futaleufú, encontramos donde poner las carpas y luego de una rápida cena nos dormimos. Ese fin de semana se celebraba el "Futafest", un festival de Kayak y Rafting, que trajo gente de todo el mundo a esta, una de las capitales del rafting de alto calibre. Para evitar demoras en nuestro nuevo itinerario, decidimos no pasar por la fiesta de fin del evento, generalmente nos tropezamos con alguna bebida de cortesía y se dilatan los plazos de salida!!!

Carretera Austral

Nuestro objetivo es cubrir 978 km de Patagonia Chilena, subiendo desde Futaleufú hacia la Carretera Número 7, mejor conocida como la Carretera Austral. Desde el poblado de Santa Lucia bajar vía La Junta, Puyuhuapi, Fiordo Queulat, Amengual, Villa Maniguales, y Coyaique como cierre de la primera etapa. La segunda será desde esta última ciudad, pasando por Villa Cerro Castillo, Puerto Río Tranquilo, Puerto Bertrand, Cochrane, Tortel, y por ultimo Villa O'Higgins para cruzar en Ferry y llegar a El Chaltén, de regreso en Argentina.

 Despertar en Futaleufú

Al despertar, desarmamos rápidamente y salimos a las pistas. Volvimos al ripio, en un camino con constantes desniveles, surcando ríos y arroyos, y deslumbrados por la belleza de la flora de esta zona, algo muy diferente de nuestra extensa estepa patagónica. La cordillera no está muy lejos del mar, por lo que los valles se angostan y los escenarios se renuevan constantemente, teniendo que tener un balance muy importante entre el control de la bicicleta y mirar hacia todo ángulo posible para disfrutar todo al máximo. Los primeros días hicimos Futaleufú - Puerto Ramirez - La Junta - Fiordo Queulat.

 Llegando a Futaleufú

 Ríos de agua azul todo el camino

Los primeros kilómetros todo fue disfrute, pero desde Santa Lucia en adelante sufrimos las consecuencias de la carretera en construcción: un ripio gigante que hacía el camino una tortura y una amenaza para las bicis. Una polvareda constante en suspensión por el rápido andar de autos y camiones puso nuestro ánimo a prueba, pero nuestras paradas intermedias a acampar en bosques y fincas reparaban cada noche con un cielo estrellado el fastidio del andar del día.


 Postales de la Carretera Austral

 Un duro ripio nos acompaña buena parte del camino

Pasado Puyuhuapi ya estábamos en el Parque Nacional Queulat, donde nos encontraríamos nuevamente con Tatán y Cande en la entrada al Ventisquero Colgante, atracción natural y turística por excelencia de la zona. Allí armamos nuevamente un equipo de 4 y seguimos viaje hacia la base de una cuesta muy conocida, llamada "La Cuesta del Qeulat". Es un gusano de 6km con mucha pendiente entre los bosques mas tupidos y los caminos mas estrechos que transitamos en esta zona, que tiene por recompensa una bajada de otros 6 km hasta la base del camino pavimentado que te lleva a Villa Amengual. En la base del Fiordo Queulat, acampamos dentro del Queulat Lodge (www.queulatlodge.com) donde gentilmente Patricio, su dueño, nos dió un espacio para pasar la noche. Al otro día arrancamos con un chapuzón ya que el margen del río había subido y debíamos cruzar el agua para seguir camino.






El sol que nos acompañaba nos abandonó por el día completo, pero nos dejó una fina lluvia que si bien bajó mucho la temperatura, asentó todo sedimento sobre la ruta. Así pudimos disfrutar de los bosques que recorrían toda la Cuesta y matar de raíz un monstruo que a esta altura no nos genero mayor desafío. Al llegar a Villa Amengual decidimos dejar lo natural de lado y nos facilitaron el Gimnasio Municipal para descansar, lo que evitó seguir mojando todo el equipamiento.

Saliendo de Amengual pasamos directo a Villa Mañiguales, donde un buen cristiano de nombre Jorge, provee con una casa bajo el nombre de "El Cazador de Ciclistas". Con un flujo de casi 300 ciclistas por temporada, ya está totalmente institucionalizada la parada y es base para intercambiar información con viajeros yendo al Norte y al Sur. Confluyen múltiples itinerarios, nacionalidades e historias.


 Tuve el privilegio de hacer un costillar asado en el patio de la Casa del Ciclista, que disfrutamos junto con Alain (Francia), Stephanie (Canada), Sarah y James (Inglaterra), Devin (EEUU), Juliet y Francisco (Chile), y el team Argento conformado por Tatán, Cande y quien les escribe. Decidimos descansar por un día completo y comenzar nuestra tan ansiada actividad paralela al ciclismo: la pesca. Reciclamos una caña de pescar junto a Alain, y salimos junto a Tatán y Devin al Rio Mañiguales, donde hicimos nuestros primeros pasos en lo que será nuestro nuevo hobby abajo de la bicicleta. Representando la costa oeste estadounidense, más precisamente a Oregon, nuestro compa Devin abrió la temporada con una respetable trucha arcoiris con la que acompañamos la cena de esa noche. Para cerrar, el postre lo hizo Stephanie, para celebrar el cumpleaños de Andrew Flansaas, nuestro amigo de Juneau (Alaska) que es parte del equipo de "A Trip South" con quienes nos encontramos de manera intermitente desde México hasta la fecha. Junto a él llego Kanaan, un jugador de primera linea con quien cerramos otra noche de grandes personajes del cicloturismo.

Asado de cicloamigos en La Casa del Ciclista de Mañiguales

Luego de un buen día de descanso, y dos noches de celebración, seguimos rumbo sur hacia Coyaique. Esta seria la última ciudad "grande" por la que pasaríamos antes de emprender la segunda mitad del viaje, bastante mas "salvaje" que lo que ha sido esta primer etapa. Habiendo dos opciones, una de 70km por camino de ripio y otra de 90km pero de pavimiento, optamos por la segunda. De esta manera uno se relaja del camino y puede aprovechar de disfrutar el paisaje, que trae una postal atrás de otra. El camino tiene cantidades de frutales que rebalsan de ciruelas blancas, ciruelas rojas, y manzanas. Si no están a disposición del viajero, basta con consultarle a algún paisano si uno puede hacerse de un poco de fruta para energizar el camino, con respuesta afirmativa en un 100% de los casos (mi experiencia). Mi camino fue interrumpido por tener que regresarme a Villa Mañiguales, ya que había olvidado mi rompevientos en casa de Jorge, pieza fundamental para los días que siguen que prometen ser fríos, ventosos y lluviosos. Así sumé 40km a los 90km originales, cerrando un día de 130km que me dejó completamente agotado.

Casa del Ciclista de Boris Ojeda en Coyaique

 Al llegar a Coyaique, nos esperaba otro fenómeno de la ruta: Boris y su joven Casa del Ciclista. Boris decidió el año pasado hacer un viaje en bici por Chile, Argentina y Uruguay, del que regreso con la genial idea de facilitar su casa a los viajeros de paso. Con un éxito inmediato y con Jorge como principal Canal de difusión, recibe todo ciclista que viaje al Norte o al Sur de la ciudad. A mi llegada eramos nada mas ni menos que 15 ciclistas, repartidos entre el piso de su comedor y un jardín lleno de carpas. Nos volvimos a encontrar con nuestros amigos Chilenos Juliet y Francisco, y nos encontramos con nuevos compañeros de aventuras, entre los cuales estaban Sung Jong y Shon Ji-Hyun, una pareja de Coreanos que convirtieron su Luna de Miel en un viaje de cicloturismo alrededor del mundo que les llevó los últimos 7 anos y todavía siguen en camino. Otro lugar recomendable de descanso y reparación de equipamiento, ya que más adelante no habrán mas negocios donde encontrar repuestos ni hacer grandes reparaciones. Un dato no menor, es el Sr. Madrid, que a escasas 4 cuadras de la Casa del Ciclista hace soldaduras de aluminio, habilidad no muy popular a lo largo del camino. En mi caso acompañé a mis amigos Koreanos en tarea de traductor ya que no hablaban nada de Español. Con precios accesibles, repararon varias roturas en el equipamiento de mis compas y de paso hicimos mas sólida la parrilla trasera de la bici de Devin que venia tambaleando.

Cerramos una primera etapa de 420km excelentes, llenos de encuentros, paisajes, y contacto con la naturaleza. Volver a acampar en lo salvaje, despreocuparse de los problemas que azotan las grandes ciudades, y disfrutar de la espontaneidad de los habitantes de la zona y sus buenas costumbres de campo. Ahora a prepararse para un camino un poco más salvaje hasta llegar al Ferry de Villa O'Higgins. Buena senda!!!